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EL CADEJO
Dice la leyenda que El Cadejo es un chivo grande y negro, de cabeza blanca y ojos de fuego que por las noches interrumpe el paso de quienes caminan en solitario a altas horas de la noche, principalmente borrachos. Se paraba en sus patas traseras, poniendo las delanteras sobre el pecho de la víctima haciéndolo suspender la marcha. Desaparecía si el perseguido pedía auxilio o si se acercaba otra persona.
Una variación de la leyenda cuenta que se trata de un perro color negro con ojos como brasas ardientes que aparece acompañando a las personas que camina sola por las noches. Si este ser no es agredido tampoco agrede y sólo se limita a servir de compañía. Si la persona se atemoriza y pierde el valor, también pierde el alma.
Ademas de describírsele como chivo y perro, al cadejo se le ha visto en forma de gato o cordero, negro, blanco y hasta pinto, o en una extraña mezcla de todos. su tamaño es variado y su característica principal son las pezuñas, que siempre las tiene sin importar la forma que tome.
El cadejo se ha llegado a enfrentar con perros bravos de las casas en donde suele aparecer, siendo sus favoritos los blancos. Se trenza con ellos en feroz combate y, sin importar el número, siempre resulta triunfador. Los perro revolcados por el cadejo mueren al poco tiempo. Los mismo le sucede a aquella persona que tenga el valor de enfrentarlo, si no muere en combate, morirá más tarde con fiebre y alguna enfermedad
misteriosa.
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LA MALORA
Cuenta la leyenda que La Malora era representada por una mujer bella que aparecía únicamente a determinadas horas del día, anochecer, media noche o mediodía. Su belleza y encanto atraía a su víctima, principalmente hombres, a quienes hacía seguirle en son de burla; si éste se resistía se transformaba en un ser querido de la víctima como la madre, hermana, novia o esposa hasta conseguir su objetivo.
La malora solía aparecer en
lugares apartados o por los caminos y sobre todo a persona en estado de ebriedad para hacerse seguir. Si una persona queire asirla, se escabulle y reparece más adelante, llevando así a su víctima por lugares intrincados, llenos de zarza y maleza.
Para deshacerse de este ser se utiliza un cinto o faja preparada o curada con un rito que muy pocas personas conocen y la próxima vez que aparezca se debe atrapar con el cinto y al instante se convierte en un manojo de hojas secas.
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EL ZTIPE O ZIPE
Según la tradición se trata de un niño de raza negra con los pies hacia atrás, que aparece principalmente en los depósitos de carbón o cerca de los hornos de pan. Sus travesuras consisten principalmente en hacerse perseguir por la gente sin poder ser alcanzado. Se cuenta que si alguien lograba atraparlo y amarrarlo, de un momento a otro desaparecía con la rapidez de un relámpago o se convertía en un puñado de basura, que la gente burlada
quemaba con la esperanza de ahuyentarlo.
El zipe gusta de jugar con niños, comer carbón y relacionarse amistosamente con jovencitas a quienes despierta arrojándoles trozos pequeños de palo o piedritas para no dañarlas. Una jovencita que sea amiga del zipe se reconoce fácilmente porque termina pronto con sus labores, ya que él le ayuda.
Si la noche es joven, hay buena luna y niños jugando en la calle, es probable que el zipe aparezca.
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EL DUENDE
La diversión principal de este ser era la de hacer travesuras a personas o familias enteras. Su aspecto era el de un joven de raza blanca que podía aparecer a cualquier hora, principalmente en la obscuridad, a la hora de la oración. Se dice que al simpatizarle una persona la perseguía tenazmente rondando la casa o en el interior causando destrozos a su paso. Volteaba los recipientes con comestibles, cortaba los
tendederos de ropa, apagaba las luces, apagaba el fuego de los cocinas o arrojaba estiércol sobre las personas o viviendas.
El duende era enamorado y perseguía a las mujers bonitas. Se cuenta también que quien conociera la Oración del Duende estaba a salvo de él.
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LA COCHA ENFRENADA
En esta región, si hablamos de "un puerco", "un cerdo", "un marrano" o "un cochino" es lo mismo que hablar de "un coche", por lo que una cocha no es más que una cerda; pero si hablamos de La Cocha Enfrenada estamos refiriéndonos a un ser de aspecto similar al de un jabalí grande, que se paseaba a altas horas de la noche por los patios y calles del pueblo,
arrastrando unas pesadas cadenas y llevando en el hocico un freno, similar a los usados por los caballos, el cual mordía constantemente. Se cuenta que tenía su guarida por el "Puente de Coco" por el rumbo del panteón, de donde salía por las noches, cuando todos los habitantes se encontraban dormidos.
La personas que la han visto cuentan que arrastra cadena y emite gruñidos que atemorizan a cualquiera que se la
encuentre. Se cuenta además que en ocasiones va acompañada de sus crías y quien la ve y pierde el valor este ser "lo gana", es decir le roba el alma. Se dice también que en ocasiones al encontrarla en medio de la noche ataja el camino para impedir el paso y que en ocasiones ataca. Se habla también de la transfiguración de algún brujo para presentarse a sus enemigos.
Una variación de esta leyenda habla de
una gallina de gran tamaño acompañada de pollitos y quienes intentan atraparlos son atacados y perseguidos haciéndoles llegar a lugares extraños.
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LA LEYENDA DEL RIO COATÁN
Los ancianos de la región relataban que hace mucho tiempo que por razones desconocidas la zona cayó en desolación y hubo hambre en el pueblo. Cuando la situación era crítica sucedió un milagro, las aguas del Río Coatán se secaron hasta quedar los peces en lo seco y los habitantes acudieron a él recogerlos en redes, canastos y costales, con lo que hubo suficiente alimento para mitigar el hambre por
varios días.
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EL CANSHAPE
En Tuxtla Chico existe una leyenda que cuenta sobre la existencia de una cueva o sumidero encantado conocido como El Canshape. Se dice que en épocas remotas las tribus que habitaban la zona eran belicosas en extremo y deseaban dominar a las demás. Como en todas las guerras, el pueblo perdedor es sometido a las leyes del vencedor o exterminado por completo. Sin embargo, la tribus de los tuchtlas, residentes de la zona, al
sostener una guerra y resultar derrotados, para evitar su exterminio al acoso de poderosos ejércitos que les atacaban, todos sus habitantes se encondían en la cueva, y aunque ésta no era muy grande, ofrecía suficiente albergue a todos lo moradores que buscaban refugio, sin ser encontrados por sus enemigos, y ésto se debía al encantamiento de la cueva.
Se dice también que por encontrarse el sumidero muy cerca del pueblo, se ha venido utilizando para arrojar en su interior los desechos de la población, sin llenarse jamás.
Al platicar con algunos viejos pobladores de Tuxtla Chico nos comentaron que se trata de un túnel que comunicaba desde la actual zona arqueológica de Izapa, distante 3 kilómetros aproximadamente, hasta el centro de Tuxtla Chico, más específicamente, bajo la iglesia de la Virgen de la Candelaria y que al paso de los años se ha ido rellenando.
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LEYES Y COSTUMBRES DE LOS SOCONUSCAS
Al tiempo de la conquista hispana, que fue cuando se hizo una descripción exacta de la forma en que se encontraban estos pueblos, se descubrió su riqueza y su cultura avanzada; se hizo notar la grandeza de Soconusco, ya que la suntuosidad de sus palacios, templos o adoratorios, fortaleza y estructura de las obras en general, así lo justificaban, de igual manera que la capacidad y organización de parte de sus habitantes para
administrar sus pueblos.
De las leyes y costumbres de los soconuscas han hablado algunos historiadores, siendo de suponerse que hayan seguido la de los toltecas o de los aztecas, que fueron las tribus con las que convivieron y se mezclaron.
El inglés Fray Tomas Gage, Misionero de la Orden de los Dominicos, en las memorias de sus "Viajes por la Nueva España, América Central y Panamá" apunta que "la justicia la impartían los nobles, que eran los hombres más viejos y serios, a quienes dábase el título o trato de "aguales"; mientras que los plebeyos eran llamados "mezaguales", a quienes no se les confiaban puestos públicos ni
de importancia...”
Existían establecimientos para la educación de los hijos, especializándose a los hombres, desde pequeños, a la labranza, la caza, la pesca, el manejo del arco y la flecha, la escultura, la pintura, la construcción, etc., y a las mujeres se le enseñaba a bordar, tejer, alfarería, moler maíz y demás oficios propios de su sexo. Se les enseñaba también la música y el baile, a los que tenían especial inclinación.
Los aguales no vestían de la misma manera que los mezaguales, pues los trajes de los primeros contenían bordaduras de colores, flecos y otros adornos (costumbre que aún persiste entre los totiques y chamulas en el Estado de Chiapa y en la parte alta de Guatemala), mientras que los trajes de los segundos eran de tela corriente y carecían de adornos.
La traición, el robo, el asesinato y otros delitos graves eran castigados con la pena de muerte y los familiares de quienes los cometían eran esclavizados.
Para la educación existían dos instituciones en forma de colegios llamadas “casa de los jóvenes”: el Telpochcalli que era a donde ingresaban los hijos de los nobles, y el Calmécac destinado para los mezaguales. El colegio o local para el estudio de la música y el canto se llamaba Cuicalco.
Cuando algún soltero alcanzaba la edad de casarse, debía servir a los padres de la novia durante cierto tiempo, haciéndole regalos y practicando en su presencia los oficios que había aprendido y otros necesarios como hacer leña. Por su parte la cortejada debía demostrar, a sus padres y a su prometido o admirador, saber los oficios del hogar y otros como el de sacar de una olla, de cuello reducido y acabada de salir de la
lumbre, los “pytes” o tamales hechos a base de maíz. Si después de ese tiempo el matrimonio no llegaba a realizarse, los regalos eran devueltos y los padres de la novia obligados a pagar los servicios prestados por el pretendiente, ya fuera con trabajo personal o en trueque de granos como maíz, cacao, etc. Estas costumbres perduraron en algunos pueblos de Chiapas y América Central hasta los últimos años del siglo pasado.
Los mames festejaban el fin de año, en los días caniculares, con una celebración que llamaban del “Fuego Nuevo” y realizaban la ceremonia para despedir al Dios Viejo o Mam. El primer día lo festejaban con gran pompa, acudía todo el pueblo al templo y danzaban en sus alrededores y en la plaza; al segundo día bajaba el esplendor; al tercero el Dios Viejo era bajado del altar y colocado en medio del templo; al cuarto día
era colocado en la puerta y al quinto día lo despedían con muchas ceremonias para que pudiera irse y así principiara el Año Nuevo, al que también recibían con regocijo, quemandole incienso y dedicándole cantos y bailes. Los sacerdotes lo bendecían y sacrificaban animales en su honor para que viniese bien alimentado y les socorriera produciéndoles buenas cosechas.
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