El amigo Buni

Christian González Santizo*

 

Un día al salir de la escuela, caminando por algunas calles oscuras, en uno de los barrios que se atraviesan para llegar a casa, cuando iba más tranquilo, escuché que me hablaban. Era una voz grave que parecía un eco. Me detuve y al voltear vi una sombra muy grande, era la figura de un niño montado en su  caballo de color negro.

     El pequeño se bajó y me dijo: ¿Cómo te llamas? Le respondí con mucho miedo: Me llamo Christian. él volvió a la conversación y repuso: Me llamo Buni y soy un fantasma amigable. Luego me preguntó: ¿Quieres jugar? Le respondí de inmediato: No ya es muy tarde. Al escuchar mi respuesta negativa se enojó mucho, de tal manera que fue creciendo y creciendo convirtiéndose en un fantasma enorme y feo, sus ojos se pusieron rojos, su boca se hizo muy grande.

     Al ver esto me asusté más y salí corriendo sin detenerme hasta llegar a mi casa. Al entrar saludé a todos los que se encontraban viendo la televisión. Me contestaron sin hacerme mucho caso.

     Pasé directo a mi cuarto para cambiarme y al buscar mi piyama volví a llevarme otra sorpresa: Buni estaba comiendo cacahuates dentro del ropero. Busqué de inmediato cuaderno y lápiz. Empecé a dibujar una pistola que aparecía en mi imaginación y le disparé varias veces y adiós fantasma, se disolvió en el aire.

     Terminé de cambiarme y me fui a dormir. Soñé al fantasma que seguía persiguiéndome. Pero ya no me importaba. Buni no podía hacerme nada, lo había vencido.

     Al otro día me contaron que había muerto un niño de ocho años que se llamaba Bonifacio. Pensé que era mi imaginación o me estaba ganando el chamuco.

 *Christian González Santizo tiene 12 años y estudia en la Secundaria  “Leyes de Reforma”, de Cacahoatán, Chiapas.

 



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